“Everyone left the theater. Everyone but me.”
—Extracto de la canción “Death At The Movies” por Car Seat Headrest
Hubo una época en la que el cine era completamente mudo, pero incluso entonces, la música estaba ahí. Pianistas en las salas tocaban en vivo, orquestas acompañaban las proyecciones, y cada nota le daba emoción a lo que la imagen no podía decir por sí sola. Desde sus inicios, el cine entendió que la música no es un adorno, sino una parte esencial de la narración. Es el latido que marca el ritmo de una escena, la voz que grita lo que los personajes callan, el elemento invisible que nos hace sentir sin que nos demos cuenta. El cine sin música no puede ser, porque le falta el alma.
La música del cine se divide en dos: score y soundtrack. El score es una composición original creada para guiar emociones, construir tensión y dar identidad a cada escena, casi como un personaje invisible. En cambio, el soundtrack es la playlist de la historia, una colección de canciones—originales o preexistentes—que refuerzan la atmósfera y conectan con la audiencia más allá de la pantalla. Mientras el score orquesta la narrativa desde las sombras, el soundtrack es la selección musical que deja huella en la memoria del espectador. Es un reflejo del gusto del director, de los discos que tiene en casa, de lo que ha sonado en su vida y quiere compartir. Grandes cineastas han convertido el soundtrack en una firma, eligiendo cuidadosamente cada tema para que la música no solo acompañe la historia, sino que la cuente por sí sola.
Ver Challengers de Luca Guadagnino se sentía como presenciar un partido de tenis de verdad: la tensión, los cambios de ritmo y la intensidad de cada jugada mantenían mi atención en todo momento, de lado a lado, por toda la pantalla. Desde el primer minuto, la historia me atrapó como si me chasqueara los dedos para no perder detalle. Pero lo que realmente convirtió la película en una experiencia inolvidable fue el magistral uso de “Pecado” de Caetano Veloso, un instante en el que dejé de estar en el cine; estaba adentro de la pantalla, tan conmovido. A esto se suma el hipnótico score de Trent Reznor & Atticus Ross, que envuelve la historia con altas tensiones. Sin duda, una película que en score y soundtrack es un triunfo.
Algunas escenas del cine han quedado grabadas en la cultura popular gracias a la perfecta sincronización entre imagen y música. Es imposible pensar en Y Tu Mamá También sin recordar a Maribel Verdú con Diego Luna y Gael García Bernal bailando “Si No Te Hubieras Ido” de Marco Antonio Solís, o en Trainspotting sin escuchar los primeros acordes de “Lust For Life” de Iggy Pop mientras Ewan McGregor corre por las calles de Edimburgo, o recordar a Natalia Lafourcade componiendo bossa nova disfrazada de pato para Temporada De Patos. Estos momentos trascienden la pantalla porque las canciones no solo adornan la escena, sino que la definen.
He curado una playlist con algunas de las canciones de soundtrack más memorables del cine. Titulada Bande Sonore À Part, en honor a Jean-Luc Godard, e incluye temas que han alcanzado un nivel de iconicidad gracias a los visionarios directores que decidieron usarlas en momentos clave. Nombres como John Hughes, con sus inolvidables elecciones para sus películas adolescentes como The Breakfast Club y Sixteen Candles, o Quentin Tarantino, quien se ha ganado una reputación por su habilidad para elegir canciones que marcan el tono de sus películas, desde Pulp Fiction hasta Kill Bill. Incluso hasta creando un show de radio ficticio en Reservoir Dogs. O en el caso de David Lynch, sus soundtracks y scores, no solo acompañan las imágenes, sino que amplifican el misterio y la tensión, llevando al espectador a un viaje emocional más allá de lo visual. La escena de Frances Ha, en la que Frances corre por las calles de Nueva York mientras suena “Modern Love” de David Bowie, es una mezcla de libertad y caos emocional, gracias a Noah Baumbach. También Wes Anderson nos hizo amar a Seu Jorge reinventar a David Bowie en el soundtrack de The Life Aquatic with Steve Zissou en una experiencia sin igual y hasta la fecha, insuperable
Estos directores no solo eligieron canciones, sino que las usaron para dar vida a sus historias, sus personajes, sus mundos, de una manera única. Estas piezas se integraron tan bien en la narrativa que se convirtieron en inseparables de la experiencia cinematográfica, y hoy en día son un testamento del poder de la música como elemento narrativo. Cada canción seleccionada aquí no solo define la película, sino que se ha ganado un lugar especial en la cultura popular, trascendiendo generaciones y manteniendo una conexión poderosa con los momentos que los cineastas decidieron inmortalizar.
Antes, cuando una canción nos atrapaba en una película, no quedaba más remedio que esperar hasta el final, cuando los créditos rodaban, para descubrir su nombre. Era un ritual: quedarse en la sala de cine, atento a la interminable lista de nombres, solo para cazar ese título que había marcado una escena. Hoy, en la era de las apps que identifican música en segundos, muchos han dejado atrás esa costumbre, pero yo sigo ahí, viendo los créditos. No por necesidad, sino por amor a la tradición. No me levanto cuando encienden las luces, me voy cuando apagan la pantalla. Salgo del cine y regreso a casa, la música sigue sonando. El soundtrack ahora es mi playlist.
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Columna escrita por Jeziel Jovel @sentimentalsandwich